Inteligencia Total: la nueva era de los viajes

Inteligencia Total: la nueva era de los viajes

Programar un viaje era una cuestión de pensar en tres etapas: pre viaje, en viaje y post viaje. Con el avance de las tecnologías y principalmente con la masificación de los teléfonos inteligentes, estas etapas han cambiado drásticamente.

Hasta la fecha, programar un viaje era una cuestión de pensar en tres etapas: La etapa  “pre-viaje”, en donde había que comprar los boletos aéreos, reservar los hoteles, buscar las principales atracciones y planificar los lugares que sí o sí queremos visitar.

Una vez en destino, se comenzaba con la segunda etapa “en-viaje”, en donde solo se disfruta lo planificado: recorrer, sacar fotos y visitar distintas atracciones para conocer gente del lugar y enriquecer la experiencia.

Y por último teníamos una tercera etapa, de “post-viaje”, en donde con las fotos ya reveladas y nos disponíamos a compartir la experiencia vivida con amigos y familiares.

Con el avance de las tecnologías y principalmente con la masificación de los teléfonos inteligentes, estas etapas han cambiado drásticamente.

Se podría decir que hoy solo los boletos aéreos mantienen una cierta relación con la anticipación de la demanda. La tendencia marca cada vez más que los hoteles, atracciones y experiencias son elegidos en destino y muchas veces en base a las recomendaciones que otros viajeros han realizado.

Los recuerdos se mantienen vivos en posteos en redes sociales como Facebook y Twitter, lo que permite a los visitantes expresar  casi en el momento su conformidad (o desconformidad) con ciertos aspectos de la experiencia vivida. Esta reconfiguración de la experiencia de viajes nos obliga a repensar la forma en la que desde la industria se trata de abordar a los viajeros.

Hay 3 sucesos de la tecnología que han cambiado la forma de gestionar los viajes:

  1. Internet de las cosas, en donde millones de dispositivos conectados logran generar una cantidad de información nunca antes imaginada.
  2. Redes Sociales, en donde se exponen millones de contenidos, textos, imágenes y videos que representan en forma desordenada aspectos cualitativos de las personas y nos permiten entender estados de ánimo, intereses, opiniones, valores y grupos de influencia.
  3. “Big Data”,  la capacidad de almacenar y procesar grandes volúmenes de datos puede ofrecer sus ventajas haciendo posible guardar en forma eficiente y ordenada una cantidad (y variedad) de datos nunca antes imaginado.

Gracias a estos sucesos hoy podemos organizar los viajes con una nueva configuración: Demanda, Experiencia y Relacionamiento.

  1. Demanda: los destinos cada día enfrentan el desafío de lograr una eficiencia de los recursos invertidos en desarrollo y promoción del mismo. Los destinos se enfrentan al desafío de entender cuáles sus mis mercados competencia, cuales los mercados de origen más atractivos o con mayor potencial de crecimiento. También deben entender las estacionalidades propias y de los competidores, la intención de compra que tienen esos mercados, la anticipación con la que los pasajeros compran sus boletos, duración promedio, placer o negocios, canal de ventas y comportamientos puntuales por mercado de origen.
  2. Experiencia: Internet de las cosas brinda la posibilidad de conocer un poco más acerca de sus visitantes incluso sin preguntarles. La información nos brinda formas de mejorar la experiencia de las personas con un esfuerzo relativamente bajo. En este sentido las organizaciones o los Destinos pueden brindar las herramientas para moldear las experiencias básicas y permitir al viajero descubrir posibilidades que no había pensado existía en este destino.
  3. Relacionamiento: La tecnología también dio al viajero la posibilidad de expresar su valoración de la experiencia en tiempo real: Un post en las redes sociales puede incentivar o hacer cambiar de decisión a futuros visitantes en tan solo segundos. Aquí es donde la forma en la que los destinos se relacionan con sus huéspedes cobra una importancia no antes vista. Desde que se inicia un proceso de comunicación y promoción del destino, la relación debe ser pensada en el largo plazo, no solo para atraer a las personas en una situación puntual, sino también porque estas se transformarán en “embajadoras” promoviendo y recomendando las experiencias a otros grupos de interés.

Fuente: Amadeus

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