IATA no cree en la distancia social para prevenir el COVID 19

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) emitió en un comunicado en el cual expresa su apoyo al uso de tapabocas para pasajeros y para la tripulación mientras se encuentren a bordo de un avión como parte crítica de unas medidas en capas para la bioseguridad que se implementará temporalmente cuando las personas regresen a viajar. 

Además de las máscaras faciales, entre las medidas temporales de bioseguridad que se proponen están:

  • Control de temperatura de pasajeros, trabajadores del aeropuerto y viajeros,
  • Procesos de embarque y desembarque que reduzcan el contacto con otros pasajeros o tripulación,
  • Limitar el movimiento dentro de la cabina durante el vuelo,
  • Limpieza de cabina más frecuente y profunda; y
  • Procedimientos de catering simplificados que reduzcan el movimiento de la tripulación y la interacción con los pasajeros.

En este comunicado IATA no admite la imposición de medidas obligatorias de distanciamiento social que dejarían vacíos los «asientos medios”. Sostiene que el uso de máscaras por parte de los pasajeros y la tripulación reducirá el riesgo al tiempo que evitará los dramáticos aumentos de costos para los viajes aéreos que traerían las medidas de distancia social a bordo. 

IATA sostiene que “dejar vacío el asiento del medio” no logrará la separación recomendada para que el distanciamiento social sea efectivo. La mayoría de las autoridades recomiendan 1 m-2 m, mientras que el ancho promedio del asiento es inferior a 50 cm.

Según IATA los pedidos de medidas de distanciamiento social en los aviones cambiarían fundamentalmente la economía de la aviación al reducir el factor de carga máxima al 62%, número que se encuentra muy por debajo del factor de carga de equilibrio promedio de la industria del 77%. 

Con menos asientos para vender, los costos unitarios aumentarían considerablemente. A manera de ejemplo y comparando con las tarifas de 2019, si se aplica el distanciamiento dentro del avión, las tarifas aéreas tendrían que aumentar drásticamente, entre 43% y 54% dependiendo de la región, solo para cubrir los costos.

Las aerolíneas luchan por su supervivencia. Eliminar el asiento del medio definitivamente elevará los costos. Si este aumento de costos se traslada a tarifas más altas, la era de los viajes económicos llegará a su fin. 

Por otro lado, si las aerolíneas no pueden recuperar los costos en tarifas más altas, se van a la quiebra. Y esto no es una buena opción cuando el mundo necesitará una fuerte conectividad para ayudar a iniciar la recuperación de la devastación económica de COVID-19.

Por lo tanto estamos acá ante una gran disyuntiva: ¿eximimos del distanciamiento físico a los aviones, pese a que lo exigimos en el aeropuerto, y en caso de hacerlo como consecuencia, se aumentarían las tarifas? ¿O luchamos por mantener los costos lo mas cercanos a los existentes previos a la pandemia, a riesgo de que se generen posibles contagios?

Estamos frente a un gran dilema.

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