La historia del Hotel Correntoso

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En un imponente rincón patagónico, donde el río Correntoso desemboca en el lago Nahuel Huapi, existe desde 1917 una hostería que encierra historias de pioneros que contribuyeron al desarrollo turístico de Villa La Angostura.

El 4 de abril de 1903, el italiano Primo Capraro se acercó por sugerencia de un amigo a conocer el virginal rincón patagónico donde el río Correntoso –que mide apenas 132 metros– une el lago del mismo nombre con el Nahuel Huapi. La idea era comprar un terreno y forjar una historia más próspera que la que podía deparar la belicosa Europa. Eran tiempos en que viajar a la Patagonia –y más aun instalarse en ella– era todavía una aventura de locos.

Los Capraro –según detalla Yayo de Mendieta en su libro Apuntes del Correntoso– se instalaron a principios del siglo XX sobre un risco que da a la desembocadura del río, pero fue recién en 1917 cuando comenzó a funcionar una hostería que no tenía cartel pero que todos conocían como la Pensión de Doña Rosa. Los anfitriones eran Primo Capraro y su esposa alemana Rosa Maier. El servicio era simple –con apenas tres cuartos y un baño– y lo utilizaban los viajeros que iban rumbo a Chile cruzando por el Paso Cardenal Samoré. Además los Capraro tenían allí un pequeño almacén de ramos generales donde los lugareños trocaban carne, leche y queso por azúcar, aceite y yerba mate.

Como las cosas marchaban bien, a comienzos de la década del ‘20 se hizo la primera ampliación y surgió oficialmente el hotel Correntoso, levantado en madera de ciprés con capacidad para 30 personas. En 1924 llegó al hotel el primer grupo de turistas organizados luego de tomar siete trenes, un vapor y un bus. El vapor se llamaba El Cóndor, que fue traído a la zona desarmado desde Chile en 1900 –pesaba 60 toneladas– para ser rearmado en Puerto Blest. Los huéspedes del Correntoso solían hacer una caminata al Mirador Belvedere y esquiar en las pistas naturales del Cerro Dormilón, al que llegaban navegando. Aunque el atractivo principal fue siempre la pesca.

Ya en 1927 el hotel contaba con lo que era una excentricidad para la época en la zona: un piano. Y entre las anécdotas de su historia, se recuerda el día en que trajeron el piano desde Bariloche por vía lacustre. La operación se venía desarrollando con normalidad hasta que al desembarcar el piano cayó al agua. Con espíritu patagónico, el tenaz Primo Capraro se las ingenió para sacar el piano del lago y buscó un afinador que lo pusiera a punto. Un mes después el piano ya estaba funcionando con normalidad en el living del hotel. En 1932 la tragedia ensombreció al Correntoso, cuando Primo Capraro se suicidó en Bariloche y su hijo Francisco tomó las riendas del emprendimiento junto con su madre Doña Ema.

En 1936 se reemplazó la madera del edificio por ladrillos y la gran novedad tecnológica fue la instalación de una usina eléctrica exclusiva del hotel que funcionaba con energía hidráulica. En 1947 la gran novedad fue el taxi aéreo, un hidroavión que traía viajeros desde Bariloche hasta el hotel en un avión Grumman G-21 norteamericano. Hacia 1948 se hizo una gran remodelación y aparecieron entonces los baños privados en las habitaciones.

El Correntoso y el Llao Llao eran los hoteles patagónicos que atraían a la zona a familias completas de las clases altas porteñas, en estadías promedio de un mes. En las paredes del hotel los pescadores dejaban registradas sus hazañas, como la de aquel afortunado que sacó una trucha marrón de 11 kilos, un record mundial que aún nadie ha batido.

Entre las historias que se cuentan hay otra que estuvo cerca de terminar en tragedia. En la década del ’50 el hotel ya contaba con su propio hidroavión, y la tarde del 2 de marzo de 1952 Francisco Capraro volaba solo, por placer, sobre las aguas calmas del Nahuel Huapi. Pero de repente los vientos cambiaron y luego de varios intentos de descenso el piloto no tuvo más alternativa que abrir la puerta del avión y saltar al agua ante el asombro de los huéspedes que miraban la escena desde los ventanales del comedor. El avión se estrelló en el lago y se hundió lentamente. El piloto estuvo un mes internado en Bariloche y Doña Ema emitió un dictamen terminante: “Se terminó la aventura de la aviación”.

En la década del ’60 el hotel sirvió de escenario para la película «Siempre te amaré» protagonizada por Sandro. Y entre las estrellas de cine que visitaron el Correntoso estuvo Isabel Sarli, quien tomaba sol junto al lago a su manera, distrayendo a los empleados de sus quehaceres. Y se dice que Doña Ema no la tuvo fácil para mantener en su puesto de trabajo a los desconcentrados empleados.

El histórico hotel Correntoso –que perfiló la identidad turística de Villa La Angostura– es hoy uno de los mejores de la ciudad, manteniendo su arquitectura original y el encanto virginal de sus alrededores. El hotel fue en gran medida el motor del crecimiento de la ciudad de Villa La Angostura. Muchos llegaron como huéspedes y luego regresaron para quedarse a vivir. En su momento, la vieja Pensión de Doña Rosa ofrecía tres cuartos, y no había ni uno más en muchos kilómetros de la redonda. Hoy, en Villa La Angostura hay 3925 camas para viajeros.

Fuente: Pagina12.com.ar

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